-Silencio-
El silencio se rompió a las siete de la mañana como estaba programado, la alarma rugió sin piedad. Seguía oscuro como siempre, le costó abrir los ojos y mantenerlos abiertos aún más. Cuando estuvo un poco más consciente de sí mismo notó un dolor punzante en la mandíbula: el bruxismo haciendo de las suyas. Intenta ubicarse, se siente mareado y no reconoce del todo el lugar. La cama era de una plaza, frente a él puede ver una ventana que no es ni cuadrada ni circular, se asemejaba más a la ventanilla de un avión. Se incorpora y se queda unos segundos sentado sin ningún pensamiento en particular. A su derecha en la mesita de noche puede ver un despertador, ¿es nuevo?
Con cada momento que pasa sus ojos ven más detalles de la habitación que es más pequeña de lo que parece, frente a él por la esquina de la habitación está la puerta, y la luz que viene desde fuera dibuja su contorno. Se pone de pie y a paso lento va hacia la pequeña ventana por la que entra una minúscula cantidad de luz y por donde puede ver el entorno en el que se encuentra. Afuera solo hay oscuridad, en todas las direcciones. Es inconfundible, está en el espacio. Una sensación de vértigo le llegó de pronto desde el bajo vientre, y por algún motivo pensó que se caería y quedaría varado para siempre flotando en eterna oscuridad, jugando con seres del espacio profundo. Mientras trata de calmarse mira una vez más hacia el infinito, entre toda la oscuridad ve puntos de luces, que titilan en distintos colores; estrellas que van moviéndose lenta pero inconfundiblemente, hacia la izquierda, luego hacia la derecha, pero siempre hacia arriba. Se sintió en extremo pequeño, como si tomara conciencia de su existencia y escala en el cosmos en ese preciso momento.
A su derecha hay un mueble donde reposan unos libros de astronomía, donde se ven algunos científicos reconocidos, también hay un cuaderno que tiene hojas faltantes, y otras sueltas con escritos a mano imposibles de leer, producto manchas y rayones hechos con el mismo lápiz con el que fueron escritos. Solo queda una frase, «comunicarse con base, comunicarse con tierra», donde reconoce su puño y letra, lo que es extraño, si bien reconoce su letra no recuerda haberlo escrito.
Mientras se pone el uniforme intenta recordar un poco más pero le es difícil. No puede recordar cuántos días llevan viajando, lo único que recuerda con total seguridad es que fue el mejor de su escuadrón, el capitán de la misión. Recuerda a sus compañeros: una mujer y un hombre mayor, quienes fueron elegidos entre más de trescientas personas. También recuerda que la misión consiste en restablecer la base de la tierra en Titán, que por sus características es más factible y favorable para poblarlo, mucho más que Marte, a pesar que el planeta rojo está considerablemente más cerca.
Hace poco se descubrió una manera de crear materia oscura de forma masiva y que esta perdure al ser creada, normalmente vive escasos segundos. Esto dio paso a que la hasta ese momento “teoría” del mexicano Gabriel Alcubierre: «Empuje por Curvatura» lograra ser probada y comprobada como factible con éxito, dejando atrás el concepto de “teoría”. Producto de eso podemos llegar a planetas lejanos y cercanos en meses o años y no décadas. También gracias a las inteligencias artificiales, así como ayudaron a complementar al arte ilustrado y la música también ayudó a mejorar la ciencia. Mejorando y completando muchas ecuaciones, y con otras inteligencias lograron mejorar el diseño de naves, ya sea espaciales o submarinas con diseños más eficientes tanto para materiales como para desempeño.
La nave era pequeña, había una gran estancia con dos grandes ventanas a ambos extremos, izquierda y derecha. La puerta a mano derecha estaba la habitación del hombre mayor, y frente a ellos la pieza de la otra colega, vecina de las provisiones. A la izquierda en toda la esquina se ve un panel de control y tres sillas, donde se ve el recorrido de la misión. Al lado de las puertas están los trajes espaciales: unos modelos nuevos color negro, extraña desicion de diseño teniendo en cuenta el lugar donde se estará flotando. Al salir de su habitación los otros dos colegas salieron al mismo tiempo, como si fuera una coreografía, todos mostraban nerviosismo e incluso miedo. La mujer se veía pálida con ojeras prominentes bajo los ojos, el hombre mayor se veía más pequeño de lo que él recordaba, tenía pedacitos de comida al parecer vomitada en la barba y en el uniforme. “Yo no debo tener mejor aspecto que ellos” pensó —y qué razón tenía—, los tres mostraban los mismos síntomas, y la misma sensación de ser observados.
Alguien está con ellos. Alguien más.
¿Todavía sienten la presencia?, preguntó la mujer cruzándose de brazos en un abrazo, el hombre mayor respondió afirmativamente apoyándose en la puerta detrás de él, enfatizando que se siente aún más que hace unos días. Parece que ellos saben mucho más de lo que está pasando en la nave, y tienen bastante razón, el capitán también puede sentir presencias a su alrededor, cientos de ojos con una presión abrasadora e intensa. “Pongámonos manos a la obra” dice aplaudiendo para disipar lo tenso del momento y tranquilizar al equipo de cierto modo.
La jornada avanza con normalidad hasta que: “Toc-Toc”. Da un salto del susto y mira a su alrededor, la mujer lo mira con los ojos muy abiertos y el hombre mayor salió rápidamente de su habitación. El ruido del silencio comenzó a crecer con furia, el corazón de la mujer latía tan fuerte que lo podía sentir retumbando en las orejas, y las piernas del hombre mayor se movían como árboles en un fuerte terremoto. Los tres se miraban esperando que alguno confesara la autoría de aquel ruido, pero lo único que veían eran caras desconcertadas. En orden fueron tragando saliva, remojando la garganta seca por respirar tan fuerte con la boca abierta. Cuando se empezaron a relajar volvió a sonar “toc-toc”. La mujer y el capitán se levantaron mirando al techo y otro toc toc irrumpió violentamente, el anciano miró hacia el suelo. El ruido paso a través del silencio, que era tan denso que podrías pensar que se volvía más sólido, como si fuera agua y no aire, y su ruido se volvía cada vez más fuerte, tanto que parecía ruido blanco en una televisión que quedó sin señal.
Los tres estaban convencidos de que el ruido venía desde fuera, pero ¿cómo era posible?, no tenía sentido alguno. Con cada segundo que pasa el toc toc aumenta en fuerza y velocidad, también en número. Ya no es "toc-toc", es "toctoctoctoc" de forma frenética. Unos se solapan sobre otros como voces que hablan al mismo tiempo y las palabras son inentendibles. Se miran sin decir palabra, ya no están seguros de dónde vienen los ahora cientos de tocs tocs. Con los primeros era evidente de dónde provenían, pero ahora el ruido viene de todos los lados, rodeandolos. Caminaron hacia una de las grandes ventanas que adornaban la estancia, el anciano les imitó y caminó con dificultad, cada uno posó su mano en la ventana para sobrellevar el vértigo que produce mirar al infinito. La mujer mantuvo un ojo cerrado para mantener a raya el mareo, pero rápidamente lo vuelve a abrir de la impresión que le produce su descubrimiento.
La mujer recuerda una vez en su bella infancia, caminando con su padre y su hermano mayor por un acuario que encontraron de casualidad en el parque O'Higgins, se mudaban a Estados Unidos por el trabajo de su padre y él quería que vieran su parque de diversiones favorito —y el único que hay— antes de partir. Llegaron demasiado temprano y para matar el tiempo pasearon por el lugar indicado. Al entrar lo primero que ven son peces extremadamente grandes y grises, que flotaban con sus ojos inexpresivos. Sus bocas se movían como si tragasen agua, y sus branquias se movían lenta y elegantemente en sus costados. El tamaño la sobrecogió, eran unas tres cabezas de hombre adulto y ella, con ocho años los veía en extremo grandes. Se acercaban curiosos por su presencia, un ser totalmente diferente a ellos venía a verlos a su cárcel disfrazada de hogar.
Ahora los peces la observan en libertad, frente a ella y al resto del equipo. Estos peces eran muchos más grandes en tamaño y número, y más terroríficos: algunos del porte de un refrigerador y otros del porte de una micro, a quienes solo se le podía ver un poco la cara y un poco del contorno del cuerpo. Unos tenían expresión de extrema tristeza y agonía, con una mueca y ojos sin alma que da la sensación que han presenciado los horrores del mundo. Otros a diferencia de los peces que vio la mujer en su infancia no tienen los dientes como sierra, sino perfectamente humanos.
El anciano recordó cuando era joven y salía con su padre a pescar, lo mucho que le incomodaba ver como los peces intentaban respirar aquel nuevo fluido que los rodeaba, y lo lento que alcanzaban la muerte. Cuando la angustia lo sobrepasaba, los mataba de un golpe o con un cuchillo, intentando de alguna manera acabar con el sufrimiento de aquel animal, lamentablemente esto no le aliviaba lo más mínimo.
El capitán, incrédulo mira al cardumen de peces que los acosan. ¿Peces en el espacio? o ¿no estamos en el espacio? No tuvo mucho tiempo para pensar, un fuerte golpe al costado opuesto al que están golpea la nave, las luces se apagan y un fuerte ruido de alerta acompaña al ya desagradable toqueteo de los peces en una orquesta infernal. El capitán y la mujer dan media vuelta rápidamente para ver qué está pasando del otro lado. El anciano hace lo propio con dificultad, dando los primeros pasos desvía un poco la mirada al panel de control de la nave. Ve una pantalla en el que se muestran unos números y un dibujo de la nave, en grande se muestra la palabra «ALERTA» en rojo, única fuente de luz para la estancia se prende y apaga en intervalos, pero lo que más le causa curiosidad es que no la entiende del todo, es como si fuera la primera vez que ve aquel panel de control.
Mientras camina con dificultad hacia la otra ventana aparece una luz desde el exterior, tan fuerte que tuvo que cerrar los ojos para que no le dolieran. Al llegar se encuentra con los jovencitos con los ojos y boca bien abiertos en una mueca de sorpresa infantil, llegó hasta la ventana y vio al sol —¿un sol?—, que sube y baja, flotando como si un viento soplara con fuerza desde abajo e intentara mantenerse en posición. Cuando puso los ojos en el sol vio en su periferia siluetas que no logró ver en detalle, y cuando posó la atención en ellos el sol se apagó, obligándole a abrir los ojos con fuerza.
Momentos después otro golpe mucho más violento azota la nave y todos cayeron con estruendo al suelo y la alerta cesó su rugir. El golpe fue tan grave que la nave tuvo serios daños y los tres quedaron aturdidos, el anciano quedó sordo y totalmente aturdido por el fuerte golpe, sangre comenzó a salir desde las orejas e intentaba gritar para aliviar un poco el dolor pero no podía respirar con normalidad. La mujer quedó inconsciente, con una gran cantidad de sangre fluyendo desde su cabeza. El capitán logró cubrir su cabeza con las manos y logró mantenerse despierto a costa de fracturarse el brazo que tuvo el mayor impacto. Atiende a la mujer y al anciano pero el sol vuelve con una luz mucho más fuerte, irradiando calor dentro de la nave.
Cuando los tres miraron hacia fuera vieron el horror: la luz que alumbró con furia la nave era en realidad un pez abisal, alumbrando con su linterna natural y mirándolos atentamente. Adornando este terrorífico paisaje, como si fuera un marco en una ilustración infernal se ve el contorno de peces de distintos tamaños y formas, algunos brillaban con luz propia, por momentos las estrellas del fondo se apagan por la presencia de un gigantesco ojo color violeta que se puede ver gracias a unas medusas brillantes que flotaban cerca. Todos los peces miran hambrientos y curiosos, atentos.
El sol se apagó. Otro Golpe. Luz. Golpe.
Silencio.
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